Hay obras que trascienden la mera representación teatral para convertirse en una experiencia. La verdadera historia de Ricardo III es una de ellas. La versión libre de Calixto Bieito sobre el clásico de William Shakespeare encuentra en Joaquín Furriel a un protagonista arrollador, capaz de sostener una puesta de enorme intensidad y complejidad.
Desde el comienzo, la producción sorprende por su despliegue escénico. La escenografía, diseñada por Barbora Horáková Joly, no escatima recursos y se transforma constantemente para acompañar el desarrollo de la historia. Entre sus momentos más impactantes aparece un Torino suspendido en el aire que desciende al escenario, una imagen tan inesperada como poderosa. A esto se suman las pantallas y proyecciones visuales, perfectamente sincronizadas con cada escena, que enriquecen el relato sin quitar protagonismo a los actores.

El elenco, integrado por Luis Ziembrowski, Ingrid Pelicori, Belén Blanco, María Figueras, Marcos Montes, Luciano Suardi, Iván Moschner, Luis “Luisón” Herrera y Silvina Sabater, ofrece actuaciones de altísimo nivel. Cada intérprete aporta matices y profundidad a una obra que se propone explorar no solo el turbulento reinado de Ricardo III, sino también los rincones más oscuros de la condición humana.
Mención aparte merece el trabajo de Joaquín Furriel. Su Ricardo III rompe permanentemente la cuarta pared e interactúa con el público de una manera tan natural como inquietante. Por momentos genera risas, en otros incomodidad y hasta cierta sensación de amenaza. Esa capacidad para manejar la reacción de los espectadores y convertirlos en parte activa de la experiencia es uno de los grandes aciertos de la puesta.

Sin embargo, el momento más memorable de la noche llega desde un lugar inesperado. En una época donde el espectáculo suele apostar al impacto constante, la obra se permite una extensa escena de absoluto silencio y quietud. Lejos de generar distracción, logra capturar la atención de toda la sala. Durante esos minutos, el público permanece completamente cautivado, demostrando que el teatro también puede conmover y emocionar desde la pausa.
Con música original de Janiv Oron, iluminación de Calixto Bieito y Omar San Cristóbal, y una puesta visual de gran ambición, La verdadera historia de Ricardo III confirma por qué sigue siendo una de las propuestas más destacadas de la temporada. Un espectáculo que deslumbra por su producción, pero que encuentra su verdadera fuerza en la calidad de sus interpretaciones y en la potencia de su propuesta artística.
Agradecemos al personal del Teatro Broadway.




