Durante dos jornadas consecutivas, el viernes 31 de octubre y sábado 1 de noviembre, el Festival Palau volvió a colmar de música y espíritu comunitario el Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario, ante una multitud que disfrutó de shows en vivo, actividades solidarias y un mensaje de unidad y esperanza.
El evento, de entrada libre y gratuita, reunió a miles de personas de todas las edades que se acercaron al corazón de la ciudad para vivir una verdadera fiesta al aire libre. Con una propuesta que combina música, arte y servicio a la comunidad, el festival reafirmó su espíritu familiar y solidario.

Dos días de música y encuentro
El viernes por la tardes se dio inicio a la programación artística, que se extendió hasta entrada la noche, con la participación de Rodrigo Tapari, Manuel Wirtz, Rescate, Ingrid Rosario, Emir Sensini, Kive Pavón, Rescate, entre otros artistas nacionales e internacionales. Las presentaciones, cargadas de energía y emoción, fueron acompañadas por mensajes de fe y reflexión a cargo del pastor Andrés Palau, principal impulsor del encuentro. La conducción estuvo a cargo de Brenda, Davi y Eva Piccini.
El sábado, la propuesta se amplió con una jornada solidaria desde el mediodía, que incluyó atención médica y dental gratuita, asesoramiento legal, cortes de cabello, juegos para chicos, obras teatrales y distintas acciones comunitarias. Por la tarde, el escenario principal volvió a cobrar vida con la música de los mismos artistas que se presentaron el viernes, cerrando dos días de celebración con una convocatoria masiva.
Un festival con propósito
Además de los shows y actividades, el Festival Palau se destacó por su mensaje de inclusión, fe y esperanza, promoviendo valores de unidad, solidaridad y amor al prójimo. El clima fue de alegría y participación, con familias enteras disfrutando del paseo gastronómico, espacios recreativos y la posibilidad de compartir una experiencia colectiva diferente.
Una vuelta esperada
Tras más de 25 años, el Festival Palau volvió a Rosario para instalarse nuevamente en uno de los sitios más emblemáticos del país. El Monumento a la Bandera se convirtió en un escenario vibrante y simbólico, donde la ciudad respondió con una asistencia multitudinaria y un ambiente de emoción constante.
Con un mensaje claro de esperanza y compromiso social, el Festival Palau cerró su paso por Rosario dejando una marca de alegría, unión y espiritualidad que promete repetirse en futuras ediciones.










